Sábado, 18 Marzo 2017 06:34

Las fantasías de Adrián Alarcón

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 Roberto Santos

 

Adrián Alarcón, ahora líder de la Coparmex de Chilpo, de quien no se sabe si es del PRI, del PRD o es marciano, señala que Chilpancingo es una ciudad caótica donde los criminales trabajan en libertad, ha aprovechado esa coyuntura para sacar tajada, intentando ganar el mejor puesto como proveedor del ayuntamiento de la capital.

Se dice que Adrián Alarcón fue el Judas que vendió la cabeza de Jaime Nava, quien fuera su gran amigo en la Coparmex y le heredara el puesto. Un traidor, pues.

Los coletazos de la dependencia encargada de entregar recursos a empresarios no le llegan al líder de la Coparmex de Chilpancingo, quien es señalado de presionar a las autoridades para que le consuman todo lo que sus empresas venden, desde toneladas de cemento hasta los alfileres que puedan utilizar para sostener cualquier cosa.

Bueno, se dice que gracias a su presión ante los medios consiguió que la alcaldía le comprara muchas toneladas de cemento hidráulico, pero ha intentado llevar la presión más allá, como para querer hasta tumbar al presidente municipal de la capital para que el suplente se quede como titular y lo maneje a su antojo.

Si el presidente de la Coparmex intenta sacar su parte perversa e intentar manipular las cosas públicas, jamás debe olvidar que antes de él van otros más aguzados en la cuestión del poder, que lo hacen ver como un neófito u aprendiz de los negocios políticos.

Si tronó a Jaime Nava por errores del segundo, difícilmente podrá también tumbar á un presidente municipal para que su achichincle se quede con la titularidad de Chilpancingo.

Adrián no entiende que la política no nació ayer ni él es el más avanzado de sus aprendices.

Creerlo un experto, solo los ciegos seguidores de la Coparmex lo pueden imaginar, y jajaja aquellos pro perredistas que imaginan que cayendo Marco Leyva, el anterior candidato perredista ahora sí tendrá posibilidades de ganar el municipio, cuando el tal Gaspar es un advenedizo en el PRD y para ser aceptado tuvo que derramar litros de sal frente “al público de la gente”, a quienes conmovió para aceptarlo como candidato, aunque pronto mordió el polvo.  Uffff.






 

 

 

 

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