Miércoles, 15 Marzo 2017 02:55

La homosexualidad no es un problema, pero la homofobia sí: es discriminación.

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Bárbara Díaz

 

Se basa en un conjunto de estigmas inmerecidos, prejuicios desventajosos, estereotipos enraizados y tabúes aceptados acríticamente. Disminuye la esperanza de vida, la protección contra los riesgos y el acceso a los servicios.

Fortalece la intolerancia a la diversidad y facilita los abusos de la autoridad. Promueve la ruptura de las familias y el odio entre los grupos. Legitima la ley del más fuerte. Es caracterización de superioridad y de inferioridad, y negación de igualdad en derechos. Normaliza la desigualdad.

Se expresa en maltrato, abusos, exclusión, miedo y ruptura del tejido social. La homofobia, como toda forma de discriminación, es negación de la dignidad humana, afianza la pobreza, es tierra fértil para la violencia y cáncer para la democracia.

Es, sin duda, un fenómeno complejo. Por ello, es indispensable comprenderla mejor, y descifrar cómo ha influido en la construcción histórica de nuestra sociedad. Comprender cómo hace imposibles las relaciones interpersonales basadas en el respeto, la igualdad y el reconocimiento mutuo.

Personas homosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero e intersexuales (LGBTTTI), viven en todo el mundo situaciones complejas en razón de su orientación sexual o de su identidad de género. Las viven en cada lugar del país de manera continua y continuada, en las casas, en el bullying homofóbico, en el trabajo, en la calle, en los comercios o los hospitales.

Aún no hemos logrado pasar del reconocimiento de la diversidad al de la igualdad, que se construye a partir de las diferencias y no de la uniformidad, que supone la eliminación de la desigualdad de trato desde todos los ámbitos de la sociedad y en todos los rincones del país.

Ello supone, fundamentalmente, la certeza de que la orientación sexual e identidad de género de cada persona es un tema de derechos humanos, es decir, de obligaciones sociales y políticas, y no solo de lo más profundo de cada persona. Esta certeza ha ido avanzando de diversas formas en el mundo, pese a que sigue siendo un tema de gran complejidad.

México participó en la Conferencia Internacional sobre Derechos Humanos, Orientación Sexual e Identidad de Género, celebrado en Oslo, Noruega, el pasado mes de abril. El propósito fue realizar una análisis sobre en dónde estamos en este tema a nivel mundial, hacia dónde nos dirigimos, y qué tan certeros serán esos avances en materia de derechos humanos.

Resulta necesario reconocer el papel fundamental que ha desempeñado la ONU en relación a la situación y los retos que atañen a grupos de la diversidad sexual.

 

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