INCIERTO EL FUTURO DEL MUSEO DIEGO RIVERA

 

Por Eduardo Flores Salado

El futuro de la “Casa de los Vientos”, en donde vivió sus últimos días el gran muralista mexicano Diego Rivera para convertirse en museo dedicado al esposo de la pintora Frida Kahlo es incierto, debido a que se desconoce la posesión legal del inmueble.

La “Casa de los Vientos”, fue construida en 1943 y Dolores Olmedo la compró cinco años después, cuenta con tres mil metros cuadrados, que sirvieron a la perfección para la elaboración de los murales de Diego Rivera.

La vivienda fue adquirida en tres millones de dólares, 1 millón de dólares lo aportó el gobierno del estado de Guerrero; el otro millón lo puso el Gobierno Federal, a través de Conaculta y finalmente el último millón llegó por parte de la Fundación Carlos Slim y que sería a través de un fideicomiso que operaría, pero hasta la fecha la casa permanece cerrada.

El 17 de octubre del 2012 el gobierno estatal de Guerreo dio a conocer que el gobernador, Ángel Aguirre Rivero y el presidente de Grupo Carso, también presidente del Consejo para el Rescate del Acapulco Tradicional, Carlos Slim Helú, firmaron el convenio con el que se instituye la Asociación Civil que operará la Casa Estudio Diego Rivera del puerto de Acapulco.

En esa casa el muralista Diego Rivera en un área de 108 metros cuadrados, decorando el techo con mosaico de azulejos, en la barda frontal de la propiedad, el artista mexicano plasmó a los dioses Exekatl, Tláloc, Quetzalcóatl y Coatlicue y colocó la inscripción Exekatl Kali, por lo cual a la residencia se le conoce como “Casa de los Vientos”.

Ese mural está dividido por la reja de entrada, son dos muros: uno, el de la izquierda, mide 12.70 metros de largo, y otro el de la derecha, de 20, más unas inscripciones en 2.35 metros, que dicen: “Exekatl Kali (Casa del Dios del Viento), Tlalokan; en azul, vertical y paralelamente, Dolores Olmedo, Diego Rivera y los números romanos LV, a la izquierda, una gran serpiente, Quetzalcóatl, cuya cola de plumas asciende como un remate florido, al lado de El sapo-Rivera que ofrece su corazón encendido a la dueña de la casa”, explica Lola Olmedo. Está también un coyote, Xolotl, “el hermano gemelo de Quetzalcóatl”, a la derecha el enorme Tláloc, acompañado de la Coatlicue.

Sin embargo los murales se encuentran descuidados, debido al poco interés que hay por parte de la Secretaría de Cultura de rescatar el inmueble, debido a que en el acuerdo la fundación es la que tiene que operar.

En una visita que realizó Enfoque Informativo se percató que solo está un vigilante de Jobamex, quien detalla que la casa no se puede abrir, además de que observó que del mural ya se están cayendo algunas piezas de azulejos.

 

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